CON EL POETA ALBERTO SANTAMARÍA

Por ENCARNACIÓN SÁNCHEZ ARENAS

Alberto Santamaría Fernández (Torrelavega, 1976) es un poeta y filósofo español en lengua castellana. Es doctor en Filosofía por la Universidad de Salamanca. Actualmente es profesor titular de Teoría del Arte en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Salamanca.

Entre sus poemarios tenemos El orden del mundo: cuaderno de Budapest (2003), El hombre que salió de la tarta (DVD, 2004), Notas de verano sobre ficciones del invierno (2005), Los poemas del otro (2005), Su casa es suya (2007), El poema envenenado  (2008), Pequeños círculos (DVD, 2009). Interior metafísico con galletas (2012), Los poemas añadidos (2013), Yo, chatarra, etcétera  (2015), El huésped esperado. Poesía reunida 2004-2016  (2016), Lo superfluo y otros poemas  (2020).

Pequeños círculos está marcado por los propileos sarcásticos y desabridos del proema inicial. Una materia de quien desea transmitir el horror o llamar la atención sobre su desazón juvenil.  La fragilidad de quien con memoria amarga revive un pasado infeliz y vive ante ventanas “forradas con cartones” del hoy o el simple estar entre las cosas.  Suburbios del espíritu en lucha, insatisfecho y lleno de malestar, como apunta Rafael Morales Barba en la obra Poéticas del malestar. Varios son sus itinerarios.  Su tema son las afueras. Las afueras del lenguaje, las afueras de la identidad, las afueras de la memoria, las afueras de la ciudad… Los personajes transitan difuminados, desde una escritura concebida como una percepción simultánea de la realidad. Todos los sucesos parecen tener cabida, naves abandonadas, cristales rotos, el amor como un sistema de pérdidas, la memoria como un paisaje industrial, bidones, cañerías oxidadas, buscadores incansables de cobre y chatarra, grúas que descansan en domingo. Tal es el poema “Anécdota del hotel”: No hay teoremas para esto. /Quizá ni siquiera haya gasolina suficiente para la vuelta/ Donde hay espejos es inevitable la vida, según se indica en el Blog de Agustín Fernández Mallo.

Con Lo superfluo y otros poemas tenemos anotaciones de un diario (de cosas que suelen suceder por las tardes), como estampas en un cuaderno. Son poemas propios de un poeta del pensamiento y, en consecuencia, complejos, aunque sin perder nunca esa claridad que procede de los sucesos de la vida cotidiana y familiar, incluso donde acecha lo sublime, de las pequeñas anécdotas y las múltiples epifanías con las que se encuentra quien observa con la debida atención y detenimiento cuanto sucede y pasa. Poesía del pensamiento, se dijo, y del lenguaje. Un lenguaje retráctil. Elíptico. Minimalista en el sentido de  decir más con menos. Nada palabrero en suma, según Álvaro Valverde en El Cuaderno (diciembre de 2020): / En la tarde todo se vuelve débil, /sin color. / Si participamos de la ceremonia del miedo/es por algún estrecho margen/que la derrota/ nos regala. Y así/ cumplimos el ciego mandato/de la mano que nos escribe. / Yo, tú, aquél son formas/ de lo superfluo/.

(PUBLICADO EN EL DIARIO JAÉN EL 2 DE NOVIEMBRE 2021)

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